Sin Redundar.

Por Carlos Avendaño.

Un gobierno rebasado: cuando la violencia manda y el poder calla. El atentado que sufrieron los diputados locales de Sinaloa la semana pasada, sumado a los incontables hechos violentos que padecemos a diario todos los ciudadanos comunes, tiene un solo responsable sociopolítico: el gobierno en turno. El abandono de la seguridad pública, la tolerancia sistemática a la violencia y la conversión de Sinaloa en un territorio donde la ley no impone el orden, pero sí lo hacen los criminales, evidencian un Estado ausente. Aquí no gobierna la legalidad; gobierna el miedo. Estos, como muchos otros casos, no son “hechos aislados”. Son síntomas claros de una enfermedad crónica: un gobierno rebasado por el crimen organizado, incapaz de cumplir su responsabilidad más elemental. Un gobierno cómodo, simulador y sin voluntad política para enfrentar la realidad. MORENA prometió paz, control y transformación. Pero lo que sí ha entregado es miedo, impunidad y un silencio oficial sepulcral. Cuando se ataca a la oposición y el gobierno minimiza o normaliza estos atentados, la democracia entra en zona de riesgo. Porque cuando los criminales actúan con libertad y el poder guarda silencio frente a hechos evidentes, la omisión se convierte en complicidad. No hay que ser ingenuos: intentarán distraer la atención como siempre, con discursos reciclados y culpando al pasado. Pero este atentado bien puede ser la gota que derramó el vaso, una advertencia clara de que el gobierno ha perdido el control del estado. Lo ocurrido es una muestra más de que los gobiernos morenistas siguen fallando en su responsabilidad más básica: proteger la vida de los ciudadanos. Y vale aclararlo con toda precisión: esta crítica no es contra un partido por consigna, sino contra la inseguridad que todos vivimos todos los días, sin distinción de colores ni cargos. MORENA cargará inevitablemente con el costo político de una estrategia de seguridad fallida. Especialmente en Sinaloa, donde la forma de minimizar los problemas ha sido el sello del todavía gobernador Rubén Rocha Moya, cuyo estilo etéreo ha convertido temas fundamentales -violencia, seguridad, educación, salud- en asuntos secundarios. Aquí se gobierna sacándole la vuelta a los problemas, sin enfrentarlos, sin asumir responsabilidades. Y mientras tanto, el estado se desangra. Como diría El Buki, y hoy más vigente que nunca: ¿A dónde vamos a parar?

“Coinciden” Rocha Moya e Imelda Castro. El todavía gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, presumió en su muro de Facebook que la mañana del sábado pasado se encontró “casualmente” con la senadora Imelda Castro Castro. Café de por medio -aromático según el relato- tuvieron tiempo suficiente para platicar, nada más y nada menos, que sobre la agenda legislativa que viene según lo dicho. Vaya coincidencia. Porque hasta antes de ese dichoso café matutino, era vox populi que no se podían ver ni en pintura. Ni afinidades políticas, ni química personal, ni proyecto en común, al menos en lo público. Pero en política las coincidencias no existen, y cuando existen no son inocentes. Coincidir en una mesa de café, con una foto incluida y con un mensaje cuidadosamente redactado, huele más a una cita pactada que a un encuentro fortuito. Y más aún cuando el tema no fue el clima, ni el precio del café, sino -casualmente también- el futuro político y legislativo del estado. La lectura es por demás inevitable: la sucesión gubernamental ya está en movimiento. Recordemos que Rocha Moya tiene su alfil claramente identificado en la figura del senador Enrique Inzunza Cázarez, a quien muchos ven como el proyecto natural del Rochismo para 2027. Imelda Castro, por su parte, también ha sido mencionada -con mayor o menor discreción- como aspirante dentro de MORENA. Y como bien dice el viejo adagio: piensa mal y acertarás. Quizás el mensaje del gobernador fue simple, directo y sin rodeos: “No te atravieses en el camino”. Aquí las coincidencias sobran, pero las causalidades están a la vista de todos. La lucha por el poder en Sinaloa se ha tornado cada vez más áspera, más cerrada y peligrosamente violenta. Los hechos violentos en contra de los actores políticos de la oposición en el último año no son una casualidad ni una estadística fría: son tan solo advertencias. Advertencias de que hoy la política ya no se juega solamente en los partidos, ni en las urnas, ni en los discursos. Todo indica que, en el Sinaloa de hoy, es a la buena o a la mala como se estarán resolviendo las disputas de poder. Las aguas políticas están por demás revueltas y no se ve para cuándo se aclaren. Porque cuando el café se vuelve mensaje y la casualidad estrategia, es claro que la sucesión en Sinaloa ya comenzó…

Cayó Adán Augusto y dicen que fue “relevo”. En la política mexicana nada “pasa”, todo se acomoda. Y cuando te “acomodan” fuera del poder real, no es relevo: es caída controlada. Adán Augusto López Hernández dejará la coordinación del grupo parlamentario de MORENA en el Senado. Eso dijeron en conferencia de prensa, con cara de normalidad democrática y lenguaje de trámite administrativo. Que no panda el cunico, al cabo que no pasa nada. Él se queda como senador, pero ya no manda, ya no reparte, ya no decide. En su lugar llega Ignacio Mier Velazco. Un político disciplinado, gris, confiable para el régimen. Un operador sin estridencias, ideal para apagar incendios sin hacer ruido. Porque cuando el poder cambia de manos sin explicaciones claras, no es rotación: es contención de daños. La pregunta no es qué es lo que pasó, sino qué es lo que viene. Porque Adán Augusto no era cualquier senador. Fue secretario de Gobernación, hombre fuerte del obradorismo, operador político de primer nivel y -hasta hace poco- pieza central del tablero. Nadie pierde esa posición por casualidad, ni por cansancio, ni por “ajustes internos”. Aquí las preguntas por demás obligadas no son malicia, sino simple lógica política. ¿Será Adán Augusto el primer nombre pesado que Estados Unidos pone sobre la mesa en la “cooperación bilateral” contra el narcotráfico? ¿Será este movimiento el preámbulo de un desafuero elegante, sin escándalo, sin aspavientos, pero con consecuencias? ¿O simplemente ya estorba en la nueva narrativa de pureza selectiva del régimen? Tiempo al tiempo, dicen los viejos lobos del poder. Y cuando dicen eso, es porque ya saben algo. Lo que sí nos queda más que claro es que MORENA empieza a mover sus piezas como quien sabe que vienen tormentas. Sacan a uno antes de que lo empujen. Lo bajan del reflector antes de que el reflector lo queme. Y lo venden como transición ordenada, cuando en realidad huele a sacrificio preventivo. Ignacio Mier no llega por su carisma ni por su liderazgo natural, llega porque no incomoda, porque no tiene cuentas pendientes visibles y porque sabe obedecer. Es el perfil idóneo cuando se necesita que el Senado camine bien derechito, sin preguntas incómodas, sin rebeldías internas, sin protagonismos. Mientras tanto, Adán Augusto se queda, pero ya no pesa, está presente aun, pero ya no manda, habla, pero ya no decide, existe, pero ya no estorba. En la política mexicana, esto es el principio del fin, porque hoy fue la coordinación, mañana podría ser el desafuero, pasado mañana el expediente. Y que no digan que no se les avisó con tiempo, porque esto apenas comienza…

Y sí, resulta que el Tío Richy sí pagó al SAT. No los 51 mil millones que exigía el gobierno de Sheinbaum -y que la chairiza ya había cobrado en su imaginación revolucionaria-, pero sí 32 mil millones. De entrada, soltó 10 mil 400 millones y el resto lo acomodó en 18 pagos mensuales. Pagó a como quiso, cuando quiso y como pudo negociar. ¿Conclusión? Se les cayó el cuento a la 4T. Se desmoronó la narrativa épica de la “deuda eterna de Salinas Pliego”. Mucho discurso, mucha mañanera, mucho linchamiento digital y al final acuerdo fiscal. Como con todos los grandes. Porque la justicia fiscal en la 4T es muy valiente, siempre y cuando no sea selectiva. Y ahora viene la pregunta incómoda, la que no se escucha en Palacio Nacional ni en las cuentas militantes de “X”: ¿Cuándo paga los más de 150 millones de pesos el camarógrafo-propagandista de la 4T, Epigmenio Ibarra? Los mismos recursos que se le “facilitaron” durante el sexenio de AMLO. ¿Préstamo? ¿Apoyo cultural? ¿Estimulo creativo? O ¿Simple pago por servicios ideológicos prestados? Porque si de cobrar impuestos y deudas se trata, que empiece la casa por los amigos del régimen, no sólo por los enemigos favoritos del discurso. Pero claro que ahí sí aplica la máxima moral de la 4T: “No somos iguales, somos cuates” …

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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Un comentario sobre «Sin Redundar.»

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